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Somos hijos de bastardos, nietos de lisiados de guerra y padres de muchachos que compran árboles por internet.

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Temía escribir y ofender a quien pudiera buscarse, y encontrarse, tras un personaje, una situación o un gesto.

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En Medellín, la muerte no se esconde: se baila. Y a veces, se celebra al criminal como si fuera hijo pródigo.

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El poder no se sostiene en la perfección, sino en la capacidad de asumir la caída con dignidad.