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Volver a Colombia no es turismo exótico ni choque cultural: es regresar a lo que uno ya conoce. No hay sorpresa, hay memoria.

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Cuando la guerra se vuelve costumbre, callar es empezar a obedecer.


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Esto no es la solución definitiva de los problemas del país, pero sí una mejora real que desmonta la narrativa del empobrecimiento generalizado.

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El mal no siempre es grotesco ni irracional: puede ser elegante, funcional y deliberado. Y justamente por eso es más difícil de detectar y combatir.

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María Cano no fue una excepción: fue el rostro visible de una historia colectiva que aún no termina de contarse.

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Descubrió a Dios exactamente cuando descubrió que Dios suma votos.
