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Devuélvannos el cuerpo de la Mencha, que su risa y sus sueños nunca podrán llevárselos.

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Colombia ha dejado de ser espectadora: hoy empieza a elegir entre el miedo y la posibilidad real de cambio.

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El campesinado deja de ser espectador para convertirse en arquitecto de su propio destino.


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El poder ya no puede hablar solo entre iguales: ahora tiene que sentarse a conversar con quienes antes ignoraba.

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Cuando un líder se cuelga en la pared como un santo, la democracia ya está de rodillas.

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El amor ineficaz no es sino hipocresía. El amor verdadero es revolucionario.

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En la música de Colón los lugares no son lugares: son estados de ánimo.