

¡Gracias, guerra, por no verme a la cara!

El poder ya no puede hablar solo entre iguales: ahora tiene que sentarse a conversar con quienes antes ignoraba.

Cuando un líder se cuelga en la pared como un santo, la democracia ya está de rodillas.

El amor ineficaz no es sino hipocresía. El amor verdadero es revolucionario.

En la música de Colón los lugares no son lugares: son estados de ánimo.

No decía ‘me siento perro’. Actuaba como tal.

Tal vez sea instalación, performance o danza moderna… pero música no es.

El mundo no arde: se congela lentamente en protocolos, muros legales y mapas de influencia.

La puesta en escena del ridículo ¿es su estrategia o es su esencia? Creo con Susan Sontag que la máscara es el rostro.