

Es inocente el río al que el hombre ignorante agrede.

Una vez más, los grupos armados destruían la tranquilidad, la posibilidad y la alegría. Una vez más, el silencio y el miedo reinaron.

Siempre supe que la maleta pesaba bastante, porque creo que allí metió algún día palabras de perdón, historias que faltó contar y arrepentimientos.

El poder no necesita imponerse cuando el sujeto colectivo está exhausto.

Cuando la guerra se vuelve costumbre, callar es empezar a obedecer.

La poesía fue su única compañera, pero también su espejo más cruel.

El mal no siempre es grotesco ni irracional: puede ser elegante, funcional y deliberado. Y justamente por eso es más difícil de detectar y combatir.

Maruja Vieira escribió sobre el amor, la tierra y la muerte cuando a las mujeres se les pedía silencio. Su poesía no gritó: resistió.

Nunca quiso ser poeta… quería ser poema.

Somos hijos de bastardos, nietos de lisiados de guerra y padres de muchachos que compran árboles por internet.