

La sal se llenó de hormigas, mamá. Los poetas pintan sin tocar un alma, los pintores trazan pétalos sin haber olido una flor. Y los adultos, cagados de mentiras, no escuchan la palabra joven.

En Colombia, la claridad judicial es como la honestidad política: se evapora con el primer rayo de sol.

El poder no se sostiene en la perfección, sino en la capacidad de asumir la caída con dignidad.

La justicia se volvió reversible, el poder heredable, y la soberanía un eco que rebota contra los muros de Manhattan.