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La oposición no siempre discute al gobierno; muchas veces discute una caricatura del gobierno.

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La política muchas veces parece una rutina de humor: narrativa, exageración y convencer al público de que el candidato es la solución a todos sus males.

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Si queremos una economía más justa, no basta con subir salarios: hay que ayudar a que más personas puedan acceder al empleo formal.

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Más que crear candidaturas, estos productos publicitarios parecen orientados a fortalecer el reconocimiento público de personajes de alguna historieta.

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La historia no avanza: se repite, con mejores cámaras, discursos más pulidos y muertos más anónimos.

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La soberanía no es un escudo para dictadores ni una coartada para el saqueo: es el derecho de los pueblos a decidir su futuro.

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Volver a Colombia no es turismo exótico ni choque cultural: es regresar a lo que uno ya conoce. No hay sorpresa, hay memoria.

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La política no se hace solo con convicciones, sino con la correlación de fuerzas.