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En política internacional no hay amigos: hay momentos. Y cuando el momento cambia, la inmunidad descubre que solo tenía visa temporal.

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Disentir sin destruirnos es una forma de patriotismo silencioso, pero poderoso.

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Brindamos por un cadáver: el derecho internacional público. No para abandonar el derecho, sino para reinventarlo.

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Con aciertos y errores, este gobierno ha logrado algo fundamental: que la gente aprenda y hable de política. Ya no nos engañan con tanta facilidad.

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Aplaudir la guerra, justificarla o callarla también es una forma de participación.

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Esto no es la solución definitiva de los problemas del país, pero sí una mejora real que desmonta la narrativa del empobrecimiento generalizado.

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El creyente no cambia de opinión: cambia de realidad, que siempre es más fácil.

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La polarización nos está permitiendo saber cada vez más. Y cuando una persona está mejor informada, puede tomar mejores decisiones.