
Juan Carlos Silva
Magíster en Lingüística y Economista UPTC
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Hay preguntas que nacen de un rumor y terminan convirtiéndose en asunto de Estado. Esta podría ser una de ellas: ¿Rodará la cabeza de Bruce Mac Master, presidente de la Andi? La pregunta ya no parece absurda.
Paola Ochoa la formuló hoy de una manera mucho más contundente en El Tiempo: “¿Adiós, Bruce?”. Y recurrió a una imagen cinematográfica de una contundencia todavía mayor: Dead Man Walking, el condenado que avanza hacia la sala de ejecución con la serenidad de quien sabe que su destino ya está escrito. Para Ochoa, esos serían hoy los pasos de Mac Master hacia el final de sus días como presidente de la Asociación Nacional de Empresarios.
Es una metáfora fuerte. Y por eso conviene preguntarse si el destino está realmente escrito o si estamos apenas ante una partida cuyo resultado se definirá el próximo 14 de octubre.
Lo que sí está documentado es que la tensión entre el Gobierno de Abelardo De la Espriella y el presidente de la Andi escaló hasta convertirse en una disputa por la interlocución. Medios de comunicación han reportado un supuesto veto del Gobierno a Mac Master, mientras el propio dirigente gremial ha defendido la autonomía de la organización y ha pedido suspender lo que calificó como una “sistemática campaña” contra la Andi.
Y hoy, 28 de septiembre, Jorge Enrique Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, salió en defensa de la independencia de los gremios. Recordó el artículo 39 de la Constitución y sostuvo que sería grave que cualquier Gobierno pretendiera intervenir en las decisiones de organizaciones privadas sobre quién las dirige y cómo las dirige.
De modo que la pregunta ya no es solamente si Bruce se va. La pregunta es: ¿Quién decide que Bruce se vaya?
UN BALÓN DISPUTADO
Aquí una metáfora futbolística ayuda a entender el enredo. Durante años, Mac Master ha sido uno de los interlocutores más visibles del empresariado colombiano. Durante el gobierno de Gustavo Petro sostuvo diferencias públicas con el Ejecutivo. La película parecía tener entonces un reparto bastante conocido: Gobierno contra empresarios; Petro de un lado, Andi del otro.
Pero cambió el Gobierno. Y ocurrió una ironía digna del fútbol: el balón cambió de pateador. El hombre que hoy aparece en el punto penal ya no es Petro. Es De la Espriella. Por eso Mac Master quizá no sea exactamente el balón. Es mejor decir que es un balón disputado.
De un lado, un Gobierno que necesita interlocutores con los que pueda desarrollar su agenda económica. Del otro, una organización gremial que sostiene que debe conservar la autonomía para elegir a sus representantes y fijar sus posiciones. En medio, Bruce Mac Master. El jugador. El capitán. El interlocutor. Y ahora, posiblemente, el hombre cuya continuidad se discute.
¿QUIÉN PUSO EL BALÓN?
Aquí es donde las columnas de Mauricio Vargas y Paola Ochoa empiezan a conversar entre sí. Vargas no comienza con Mac Master. Comienza mucho antes. Retrocede hasta Virgilio Barco y recuerda su preocupación por el excesivo poder de los gremios y por la posibilidad de un modelo corporativista. Es una operación narrativa inteligente: antes que el hombre, pone la historia; antes que el conflicto actual, pone el antecedente.
Barco funciona así como una especie de parapeto histórico. Desde allí Vargas regresa al presente y coloca a Mac Master dentro de una larga historia de relaciones entre empresarios y poder político. Pero aquí aparece la ironía: el adversario de los gremios ya no es Petro. Es el Gobierno que llegó después.
El balón ha cambiado de pie. Y entonces entra Paola Ochoa. Donde Vargas construye la cancha, Ochoa ve el desenlace. Donde Vargas arma la jugada, Ochoa escucha los pasos del condenado. Donde uno reconstruye una historia de poder gremial, la otra pregunta si estamos asistiendo a los últimos días de Mac Master en la presidencia de la Andi.
Las dos columnas, leídas juntas, producen una imagen casi cinematográfica: Vargas pone el balón. Ochoa anuncia que el jugador camina hacia el punto penal.
LA CABEZA EN LA BANDEJA
La metáfora futbolística puede llevarnos todavía más lejos. Si el Gobierno consigue aislar políticamente al presidente de la Andi, la salida de Mac Master podría terminar pareciendo una consecuencia natural de la crisis: empresas que toman distancia, dificultades de interlocución, presión interna, desgaste del dirigente.
En los últimos días se han reportado movimientos empresariales alrededor de la Andi. Coca-Cola se retiró de la Cámara de la Industria de Bebidas, mientras otras empresas han sido mencionadas en versiones sobre eventuales retiros del gremio. Es importante, sin embargo, no convertir esos movimientos en una sola operación política: cada empresa puede tener sus propias razones y, en el caso de Coca-Cola, el retiro reportado corresponde a una cámara sectorial, no necesariamente a la salida de la Andi.
Pero políticamente el efecto es otro. Cuando un balón comienza a rodar cuesta abajo, cada movimiento parece confirmar el anterior. Primero se cuestiona al jugador. Después se cuestiona al equipo. Luego se cuestiona al capitán. Y finalmente alguien pregunta si no sería mejor cambiarlo.
La cabeza aparece entonces en la bandeja. La expresión puede sonar excesiva. Pero Ochoa ya ha llevado la metáfora hasta la sala de ejecución.
¿ADÍOS, BRUCE?
El título de Paola Ochoa tiene una virtud: convierte una hipótesis en una escena de despedida. Pero una columna puede anticipar un desenlace; una junta directiva tiene que tomar una decisión. Y esa decisión está fechada. 14 de octubre. Ese día está prevista la junta ordinaria de la Andi y, según Bedoya, allí podría discutirse la continuidad de Mac Master, cuyo período estaba previsto hasta finales de 2027.
También Jorge Espinosa, en Cambio, ha señalado que el 14 de octubre se definirá el futuro de Mac Master y que la junta recientemente renovada tendría que afrontar la tensión con el Gobierno.
Así que todavía hay una diferencia entre “¿Adiós, Bruce?” y “Adiós, Bruce”. Una cosa es preguntar. Otra, despedir.
PERO HAY UNA DIFERENCIA FUNDAMENTAL
Un Gobierno puede preferir un interlocutor distinto. Puede considerar que determinada persona dificulta el diálogo o que sus posiciones chocan con la agenda gubernamental. Pero una cosa es preferir otro interlocutor y otra muy distinta es intervenir en la elección de ese interlocutor.
Ahí está el corazón institucional del asunto. El artículo 39 de la Constitución establece el derecho de trabajadores y empleadores a constituir asociaciones sin intervención del Estado. Bedoya invocó precisamente esa disposición al defender la autonomía de los gremios y advertir sobre la gravedad de que un Gobierno interviniera en sus decisiones internas.
Por eso el caso Mac Master excede a Mac Master. Si la junta de la Andi decide reemplazarlo conforme a sus procedimientos internos, estaremos ante una decisión gremial. Si la salida ocurre porque el Gobierno consiguió hacer inviable su permanencia mediante presiones, aislamiento o condicionamientos, estaremos ante una discusión diferente. No porque Mac Master sea indispensable. Nadie lo es. Sino porque el precedente podría serlo.
EL BALÓN LLEGA AL 14 DE OCTUBRE
Mac Master, entretanto, ha intentado sacar la discusión de su persona. “La ANDI es mucho más que su Presidente”, dijo. Es una frase importante. Porque desplaza el centro de la discusión: Bruce Mac Master puede salir. La Andi permanece.
Pero si la Andi permanece, también permanece la pregunta por quién tiene derecho a escoger a quien la preside. Y aquí la metáfora vuelve a ser inevitable. Un balón puede cambiar de jugador. Un jugador puede ser sustituido. Un capitán puede dejar el equipo. Lo que no debería cambiar por decisión del árbitro es quién tiene la potestad de escoger al capitán.
VAR-GAS
Y aquí, inevitablemente, reaparece Mauricio Vargas. Hay algo casi futbolístico en la función de un columnista político. El columnista no siempre patea. A veces pone el balón. No decide quién debe cobrar. Pero decide qué jugada vemos, desde qué ángulo la vemos y qué antecedentes aparecen en la repetición.
Vargas retrocede hasta Barco, reconstruye el poder histórico de los gremios y termina frente al conflicto Mac Master–De la Espriella. Ochoa, entretanto, mira el reloj y escucha los pasos: ¿Adiós, Bruce? Por eso el juego de palabras VAR-gas resulta inevitable. El VAR revisa la jugada. El columnista revisa la historia. El VAR muestra el ángulo. El columnista selecciona el ángulo. Y ninguno debería patear el penal.
¿QUIÉN DECIDIÓ QUE HABÍA PENAL?
Esta es, al final, la pregunta que queda. No sabemos todavía si rodará la cabeza de Bruce Mac Master. No sabemos si la junta del 14 de octubre decidirá mantenerlo o reemplazarlo. No sabemos si la presión externa terminará traduciéndose en una decisión interna. Pero sí sabemos que la disputa dejó de ser exclusivamente personal. Se discute algo más grande: la autonomía de una organización privada frente al poder político. Por eso la mejor pregunta no es: ¿Adiós, Bruce? Ni siquiera: ¿Rodará la cabeza del presidente de la Andi? La pregunta resolutoria es: ¿Quién decidió que debía rodar? Porque en el fútbol importa quién cobra el penal. Pero importa todavía más quién puso el balón en el punto de penal. Y esa es la verdadera historia que tendremos que leer el 14 de octubre.
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