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En el Valle el poder no se pierde. Se conserva en formol.

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El mundo no arde: se congela lentamente en protocolos, muros legales y mapas de influencia.

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La puesta en escena del ridículo ¿es su estrategia o es su esencia? Creo con Susan Sontag que la máscara es el rostro.


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No fue una reunión de farándula ni de dignidades heridas: fue el momento en que se definieron las nuevas reglas de nuestra dependencia.

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En política, que te abran la puerta ya es poder.


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El parásito político no busca servir: busca sobrevivir. Y lo logra porque la sociedad se lo permite.

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No todo se define en elecciones: el poder mafioso también se derrota con sanción social, periodismo y movilización ciudadana.

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El encuentro no es diplomacia de rutina: es una prueba de fuerza donde cualquier gesto puede convertirse en humillación o ruptura.