

El mejor homenaje que podemos rendirle a Gustavo es continuar su lucha; enarbolar, pese a la adversidad, su bandera en defensa de los derechos humanos y de la justicia para los pobres.

El futuro de Colombia no depende de un solo hombre, sino de millones de ciudadanos capaces de pensar más allá de la propaganda.

Hay terremotos que destruyen edificios… y otros que destruyen la confianza.

Las próximas elecciones no empiezan en 2027. Empiezan el día después de perder.

La democracia no se defiende solamente cuando se gana; también se defiende cuando se pierde.

Hemos comenzado a vivir en islas ideológicas donde solo escuchamos a quienes piensan igual que nosotros.

Hoy salir a la calle con la camiseta amarilla ya no es un acto de afecto patrio: se ha convertido en una declaración de militancia.