

Sin voluntad política, la reforma agraria no fracasa: la hacen fracasar

No es el pasado idealizado que venden, sino el pasado real: ese donde la violencia era paisaje.

El horror no terminó: cambió de discurso.

No es desconectarse del mundo, es conectarse de otra manera.

El campesinado deja de ser espectador para convertirse en arquitecto de su propio destino.

El poder ya no puede hablar solo entre iguales: ahora tiene que sentarse a conversar con quienes antes ignoraba.