

El mejor homenaje que podemos rendirle a Gustavo es continuar su lucha; enarbolar, pese a la adversidad, su bandera en defensa de los derechos humanos y de la justicia para los pobres.

El futuro de Colombia no depende de un solo hombre, sino de millones de ciudadanos capaces de pensar más allá de la propaganda.

Hay terremotos que destruyen edificios… y otros que destruyen la confianza.

Cuando la política deja de convencer con ideas y empieza a conquistar con símbolos, la democracia entra en terreno peligroso.