

La democracia no se defiende solamente cuando se gana; también se defiende cuando se pierde.

Hoy salir a la calle con la camiseta amarilla ya no es un acto de afecto patrio: se ha convertido en una declaración de militancia.

La paz real no se decreta por la fuerza, sino que se construye cuando se cierran las brechas que hoy nos dividen.

La guerra rara vez termina porque los líderes se vuelvan virtuosos. Generalmente termina cuando seguir peleando resulta demasiado costoso.

La fiesta del fútbol y la farsa política se parecen demasiado: ambos son espectáculos donde el pueblo paga la entrada, pero nunca toca el balón.

El problema de Colombia no es solamente quién gobierna. El problema es quién piensa por nosotros.

Puno Ardila Amaya • Frente a la crucial segunda vuelta presidencial, el análisis político nos obliga a mirar más allá de las consignas efectistas y evaluar los riesgos sistémicos que los programas de gobierno representan para la estabilidad nacional. Bajo esta lupa, la candidatura de Abelardo de la Espriella y su cantinflesco proyecto de…