

Las naciones no se destruyen por defender la vida; se destruyen cuando convierten la guerra, la desigualdad y la indiferencia en políticas de Estado.

A Colombia no le cabe una bala más. Yo necesitaba otro tipo de arma.

La muerte de Vargas Lleras no solo clausura una vida política: simboliza el agotamiento de una élite que gobernó Colombia durante más de dos siglos.

La democracia necesita árbitros institucionales, no presidentes convertidos en jefes de debate o estrategas electorales.

No quiero que nos parezcamos a nadie. Prefiero un país de nuestra talla.

Los cronopios siempre sobrevivían, aferrados a un mástil en forma de poema.