

Lo que nos estamos jugando en estos tiempos es la pregunta por cuál país queremos habitar.

Sembrar conciencia es más difícil que sembrar maíz, pero es la única cosecha que no se pierde con las sequías.

No basta preguntar: ‘¿Es legal?’. También es necesario preguntar: ‘¿Es justo?’, ‘¿Es humano?’, ‘¿Contribuye al bien común?

Eso no es libertad; es uno de los mayores éxitos que puede alcanzar una élite política: lograr que sus propias víctimas la defiendan.

La batalla del siglo XXI no será solamente por el control de los mercados o los territorios, será también por el control de la atención, los datos, los comportamientos y las emociones.

Desde entonces, primero cada cuatro años y luego cada dos, íbamos a elecciones apostando a los que sabíamos eran perdedores.

La muerte de Vargas Lleras no solo clausura una vida política: simboliza el agotamiento de una élite que gobernó Colombia durante más de dos siglos.

No quiero que nos parezcamos a nadie. Prefiero un país de nuestra talla.